APUNTES: Los compiladores del libro “Los caminos de la extensión en la Universidad Argentina”, Jorge Castro y Fabricio Oyarbide, referentes de la extensión universitaria en el continente invitaron a representantes de la Secretaría de Extensión Universitaria (SEU) de la Universidad Nacional de Rosario a que puedan contar sus experiencias de trabajos junto a la comunidad. De esta manera Juan Manuel Medina, Blas Aseguinolaza, Maximiliano Toni y Pablo García Giménez integrantes de la SEU dejaron sus impresiones en el capítulo 5 de la obra editada en la Universidad Nacional de La Pampa.
TEXTO:
La cuestión de la integración de la universidad con el territorio presenta una multiplicidad de dimensiones a abordar. A continuación, reflexionaremos sobre un tipo particular de territorialidad referida a zonas vulnerables de la ciudad de Rosario, en las cuales venimos trabajando en un proceso de paulatino acercamiento con las denominadas “villas” y “asentamientos”. Así como las contradicciones de clases en nuestra sociedad se han expresado en términos socio-espaciales a partir de la oposición centro-periferia, también creemos que los procesos de construcción de conocimiento presentan una disposición en el espacio. Deconstruir los pilares sobre los que se edifica la idea tradicional de una universidad que centraliza el conocimiento, supone un movimiento que nos acerque a saberes populares que han sido subalternizados.
Desde la Secretaría de Extensión de la Universidad Nacional de Rosario, creemos prioritario problematizar los modos de integración de estos territorios en situación de pobreza extrema. Las “villas”, que comenzaron a emerger a partir de la crisis del ‘30 y crecieron considerable- mente desde mediados del siglo XX, fueron concebidas por el desarrollismo como un déficit de integración a subsanar, ocasionado por la fuerte migración del campo a la ciudad (Germani, 1961) o, desde una perspectiva crítica, como un fenómeno propio de capitalismos dependientes, que bien lejos de producir un “ejército de reserva” se expresaban en la consolidación de una “masa marginal” sin posibilidades estructurales de integración al mercado de trabajo (Nun, 1969). En las últimas décadas, estas formas particulares de hábitat popular presentaron una gran expansión en América Latina como consecuencia de las políticas neoliberales implementadas en la región. Esta situación llegó a un punto crítico en nuestro país hacia fines de los ‘90, y en especial durante los primeros años del nuevo siglo. La crisis de fines de 2001 puso de manifiesto no sólo la situación de vulnerabilidad de estos núcleos de pobreza urbana, sino también el protagonismo de un conjunto de organizaciones de base territorial, las cuales se expresaron a partir de nuevos repertorios para la acción colectiva. Con la emergencia de gobiernos que se manifiestan alternos
a las políticas neoliberales, la situación de estos territorios de pobreza estructural no presenta un declive significativo. En relación a nuestro país, las perspectivas sobre el fenómeno dan lugar a una fuerte discusión. Al analizar la situación en Argentina durante el período 2003-2013, Gabriel Kessler señala: “En relación con vivienda y hábitat, las carencias y los problemas son de larga data. Nuevamente vemos un mejoramiento en términos absolutos de todos los indicadores, con el mantenimiento de las desigualdades entre las provincias. Si bien han disminuido las viviendas con mayores carencias, al mismo tiempo la población en villas ha aumentado y sus carencias han conocido una reducción menor que aquella registrada en los promedios generales.” (Kessler, 2014: 272)
Esto último se relaciona con el aumento de asentamientos producto de la ocupación colectiva de tierras, empujados ya no por el flujo rural en busca de trabajo en la ciudad, sino por el propio crecimiento de la pobreza urbana, donde las nuevas generaciones de familias buscan un hogar propio. En la última década, los barrios populares de Rosario, y en especial las villas y asentamientos, han evidenciado una serie de transformaciones socio-políticas que se manifiestan en un reflujo de la movilización que la ha caracterizado desde fines de la década del ‘90. El período que precedió a la crisis de 2001 y 2002, en una primera etapa, puso de manifiesto una importante centralidad de organizaciones de base territorial y de un tipo particular de repertorio de la acción colectiva (piquete, saqueo, asentamiento) que venía a reemplazar al repertorio de las organizaciones obreras. Este período de crisis también produjo una importante ampliación de la esfera de acción de un gran número de organizaciones, que comenzaron a ser mediadoras entre el Estado y los habitantes de las villas. Esto último pone de manifiesto la fuerte imbricación entre ambas dimensiones, lo cual no supone una relación mecánica, sino un universo complejo de significaciones a interpretar.
En términos generales, la universidad ha tenido una presencia histórica en las villas de nuestra ciudad, y en tal sentido hay que destacar la centralidad que ha asumido el movimiento estudiantil en la motorización de un compromiso tanto del propio claustro como de los diferentes espacios de la comunidad universitaria.
Estas iniciativas, en muchos casos con poca institucionalidad, marcaron en la agenda universitaria el tema del compromiso con movimientos y actores sociales de zonas vulnerables. No obstante, estas intervenciones mayormente se caracterizaron, además del bajo nivel de reconocimiento institucional, por la poca continuidad en el tiempo, y en muchas ocasiones por estar atravesadas por lógicas que oscilan entre la educación “bancaria” y el “espontaneísmo”.
Por otra parte, también se ha producido un acercamiento a estos territorios a partir de diversas prácticas pre-profesionales de carácter curricular o extracurricular. En gran medida, estos modos de acción universitarias están identificados en el territorio como procesos de intervención esporádicos, de corto plazo y donde muchas veces no existe una devolución concreta hacia los actores.
Desde nuestra práctica extensionista identificamos diferentes modos de intervención en estos territorios de pobreza urbana:
1. a través de los proyectos (a los cuales, como gestión, acompañamos en su ejecución)
2. a través de instituciones territoriales propias y un trabajo prolongado en el tiempo, sistemático y continuo.
3. a través del trabajo que se construye con organizaciones de base territorial, que se piensan más allá de proyectos particulares y en los períodos de tiempo acotados.
Esta separación tiene un fundamento analítico y en la práctica concreta los planos se entrecruzan y relativizan, aunque podemos identificar diferentes modos de abordaje territorial asociados a estos tres tópicos. El propósito de este texto es poder dar cuenta de estos tres modos poniendo el acento en el último, dado que define con mayor claridad de- terminadas problemáticas vinculadas a la integración territorial con las cuales nos enfrentamos en nuestro trabajo desde la Secretaría.
Proyectos
En lo referente a los proyectos de extensión, en los últimos años hemos instrumentado una serie de políticas que posibilitan un mayor acompañamiento tanto de modo directo –a partir de la presencia concreta de integrantes del equipo de gestión en el territorio-, como de modo indirecto, mediante la integración de los participantes de los proyectos en espacios de capacitación y deliberación sobre cuestiones vinculadas a la extensión, y mediante el seguimiento permanente del equipo de proyectos. Un estado de la cuestión en tiempo presente nos permite advertir un crecimiento del número de proyectos cuyo territorio de intervención son zonas vulnerables de nuestra ciudad. No obstante sigue habiendo una concentración del trabajo en el área del macro-centro o de la zona de in- fluencia de la universidad, como así también proyectos que no terminan de plantear un enfoque dialógico de co-construcción de conocimientos.
Instituciones territoriales propias
El segundo modo de intervención refiere al trabajo histórico que ha realizado la Secretaría de Extensión Universitaria en el barrio “República de la Sexta”, donde se encuentra la Ciudad Universitaria de Rosario. La experiencia paradigmática en este territorio la constituye el Centro de Asistencia a la Comunidad (CEAC), que desde hace más de veinte años viene realizando un importante trabajo de salud comunitaria que ha sido una referencia en América Latina. El CEAC, fruto de la articulación interinstitucional entre la Universidad y el Ministerio de Salud de la Provincia de Santa Fe, no sólo ha logrado garantizar la atención primaria de la salud de los vecinos del barrio, sino que también pudo generar una apropiación de la institución por éstos últimos, a través de la participación activa en talleres de nutrición, huerta, alfabetización, peluquería, computación, cocina, etc.
Si bien las distintas gestiones de la Secretaría de Extensión Universitaria han acompañado el funcionamiento del CEAC, en mayor o en menor medida, en todo su recorrido a partir de su creación, cabe des- tacar la autonomía que este espacio ha generado para sí, logrando ser, de esta manera, un espacio institucionalizado. En estos últimos tres años, la SEU ha acompañado las actividades de CEAC pero, además, ha ampliado el tejido institucional (Centro Cultural, Núcleo de Acceso al Conocimiento
– NAC, Centro de Pasantías, etc.) lo cual le otorga una gran centralidad respecto a la trama socio-comunitaria del territorio. De todos modos, la intervención histórica de la universidad en la zona tiene un carácter complejo y ambivalente: por un lado, ha ocupado un lugar importante en la promoción del lazo comunitario, pero por el otro, ha tenido grandes confrontaciones con los habitantes del barrio debido a intervenciones erróneas que se han realizado desde la Universidad.
Nuevos territorios para el trabajo extensionista
Desde hace cuatro años, la SEU viene desarrollando un proceso de acercamiento con dos territorios de nuestra ciudad: Barrio “Tablada” y el asentamiento “Vía Honda”. En ambos casos, nuestra intervención en el territorio se da a partir de un trabajo de acompañamiento y diálogo con organizaciones sociales que desde hace varios años realizan un traba- jo con la comunidad. El barrio “Tablada” es una zona contigua al barrio “República de la Sexta”, por lo cual supone una ampliación del universo de acción de la SEU hacia el sur de la ciudad. No obstante, el principal desafío es consolidar un proceso de diálogo con una organización emble- mática de los movimientos sociales que tuvieron protagonismo a partir de la crisis de 2001: la Biblioteca Popular “Pocho Lepratti”. En lo referente al territorio de la “Vía Honda”, actualmente el vínculo es con tres organizaciones: El “Club Social y Deportivo 20 Amigos”, la “Cooperativa de Trabajo Vía Honda” y el “Hogar Comunitario Carita Feliz”. En ambos territorios intentamos desarrollar un trabajo integral y continuo con una base de profesionales de la SEU que se va ampliando a partir de la participación de docentes, graduados y estudiantes de la UNR. Sin detenernos en las actividades puntuales que hemos realizado, nuestro pro- pósito es reflexionar sobre cuestiones referentes al proceso de integración de la SEU con el territorio, resaltando algunos nudos problemáticos. Esta reflexión tiene como referencia empírica el trabajo en el territorio de la “Vía Honda”, aunque algunas de las cuestiones analizadas incluyen el otro territorio mencionado.
Inscripción territorial
El territorio ocupa un lugar central en lo referente a la reproducción social de los habitantes. Como afirma Merklen, el proceso de desafiliación del mundo del trabajo asalariado encuentra precariamente su reemplazo a partir de la afiliación en el plano territorial. Este autor señala: “Las familias logran redondear sus ingresos precisamente en el barrio. Sobre esta base participan en la vida política a través de organizaciones barriales que se muestran cada vez más eficaces para obtener beneficios de las nuevas políticas sociales. Los barrios se constituyen de esta forma en lugares de valorización social, por la cuota de prestigio (o de estigma) que aporta cada uno. La multiplicación de afiliaciones a nivel local funciona como un seguro social de múltiples dimensiones que permite a los individuos hacer frente a los riesgos de un presente permanente. Este presente se estabiliza en la construcción de una solidaridad social estructurada localmente, en la que los círculos de pertenencia se entrecruzan…” (2010: 77). Esta cuestión es sin dudas uno de los principales fundamentos de un trabajo con fuerte presencia territorial desde la SEU. Si en otros períodos históricos la articulación con las clases populares tenía como centro el mundo del trabajo, desde hace algunas décadas se ha hecho difusa la frontera entre las esferas de la producción y la reproducción social (Sousa Santos, 2002), asumiendo el mundo de la vida una dimensión política que antes era invisibilizada. En tal sentido, es impensable llevar adelante una política de extensión universitaria sin una fuerte articulación y diálogo con organizaciones de base territorial, que en la actualidad, sea a partir de repertorios contenciosos o no litigiosos de la acción colectiva, ocupan un lugar fundamental en la mediación entre el Estado y los habitantes de la villa.
Un elemento a destacar de estas organizaciones está en el hecho de que más allá de los fines que las identifican (productivos, educativos, deportivos, etc.), todas ellas ocupan un rol socio-asistencial. No obstante ocupar funciones centrales para la reproducción social de las familias del barrio, y en alguna medida expresar un modo particular a partir del cual el Estado se expande bajo la forma de “sociedad civil”, estas organizaciones se encuentran al límite de la supervivencia, y son sostenidas en gran medida por la voluntad de sus referentes y participantes. Por ello, estamos convencidos que es prioritario una política universitaria de acompañamiento y fortalecimiento de las mismas. En tal sentido, es importante revisar de manera crítica nuestro vínculo con las organizaciones de base territorial en lo referente a los procesos de construcción de demanda. Las transformaciones en las políticas sociales y la centralidad que tiene la denominada “lógica de proyectos”, obligan a las organiza- ciones a movilizarse bajo este formato en busca de recursos. Por ello es importante articular con las organizaciones teniendo presente que más allá de nuestras intenciones, desde el punto de vista del otro, podemos ser parte de ese “coto de caza” que facilite algún recurso al territorio.
Segregación
Cuando se problematiza la integración territorial, aparece la figura del “gueto” en tanto referencia recurrente para dar cuenta de la separación de determinados barrios respecto a la estructura socio-urbana. Si un as- pecto central que define al “gueto” se encuentra en la distancia que presentan determinadas poblaciones respecto a la norma social imperante, es posible identificar un universo “villero” que se presenta diferenciado de la ciudad “normal”. Si bien la villa tiene una funcionalidad estructural, aportando la mano de obra precarizada que se integra al mercado laboral como albañiles, ‘changarines’, empleadas domésticas, etc., esta situación supone un proceso de fuerte segregación. Esta discontinuidad socio-espacial se ha profundizado en los últimos años, dado que el crecimiento económico de la ciudad no tuvo un correlato en estas poblaciones en términos de ciudadanía, haciendo más pronunciados los contrastes sociales. Un aspecto que aparece recurrentemente en nuestro trabajo territorial es la dificultad que tienen muchos habitantes, en especial los jóvenes y las mujeres, para circular fuera del propio barrio. En el apartado anterior señalábamos la importancia que presenta lo territorial en relación a la eficacia de nuestro trabajo, no obstante, es importante re- flexionar acerca de los límites que suponen el encierro en el territorio. Por cierto, entrar y salir del barrio es un elemento central que distingue a determinados referentes territoriales. Por ello, consideramos necesario en nuestras propuestas tener presente esta tensión entre la importancia del territorio como soporte para la acción colectiva, y por otro lado, el problema de la insularidad que atraviesa al barrio. Un ejemplo de esta tensión se expresó en el taller de alfabetización digital que desarrollamos con un grupo de trabajadoras de la Cooperativa del barrio: en principio, mediante notebooks dimos respuesta al pedido de las mismas para que la actividad se desarrolle en el barrio, pero luego surgió el pedido de poder realizar algunos encuentros en una facultad, “para poder salir un poco de la rutina”. Asimismo, cuando hemos realizado paseos con niñas y niños del taller de expresión plástica a algún espacio universitario, es notorio el interés que han manifestado las madres de poder participar del mismo. Bien lejos de los enfoques culturalistas que conciben a la villa como un universo auto-contenido de solidaridades locales, creemos que es necesario problematizar los modos presentes de segregación y exclusión urbana, más aún en un presente en el cual el territorio se encuentra fuertemente penetrado por redes (delictivas, religiosas, comunicacionales) que van transformando las identidades colectivas.
Fragmentación
El territorio se encuentra atravesado por un movimiento aparentemente paradojal: por un lado, comienzan a incidir en la cotidianeidad amplias redes que incluso presentan dimensiones supranacionales, pero por otra parte, el barrio vivido por sus habitantes se va haciendo cada vez más estrecho. Un ejemplo de esto último lo advertimos durante un mapeo de actores que realizamos con las tres organizaciones de “Vía Honda” duran- te el mes de abril de 2015, en el marco de la Escuela de Extensión de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo (AUGM). En esa oportunidad, al realizar el sociograma con los vecinos se ponía de manifiesto que la idea de ‘barrio’ remitía a un horizonte estrecho que no excedía las dos cuadras a partir de la propia residencia. Esto sin dudas no responde a una causa unívoca. De todos modos, el carácter sobredeterminado del fenómeno no nos debe hacer perder de vista la incidencia que tienen algunos actores concretos. El más notorio, en lo que respecta al aceleramiento de los procesos de fragmentación intrabarrial, es el narcotráfico. Las redes narco dan cuenta del movimiento paradojal antes mencionado: por un lado, exceden por mucho el territorio, y por el otro, generan conflictividades entre bandas que van demarcando los límites comunitarios. Si en otros tiempos era el Estado, o en algunos casos la comunidad, quienes marcaban los límites territoriales, actualmente es el mercado (en clave narco) la que define los modos de circulación de los vecinos. Asimismo, la mencionada segmentación que advertimos en el territorio tiene como puntos de referencia las propias organizaciones sociales, las cuales en ocasiones deben luchar por los recursos escasos que derraman las políticas sociales. Cuando Denis Merklen (2010) resalta el fenómeno de las afiliaciones múl- tiples, propio de los contextos de pobreza, en buena parte tiene razón. No obstante, la gran fragmentación comunitaria impide que este fenómeno tenga una mayor dimensión. Por otra parte, también se observan procesos de “guetización” al interior del barrio, donde la segregación ya no se define por la oposición villa-barrio sino a partir de contrapuntos internos entre el “nosotros” barrial y diferentes otredades (“los paraguayos”, “los del fon- do”, “la gente nueva”, etc.). Sin dudas, la problemática de la fragmentación intrabarrial es una de las cuestiones en las que nuestra participación se hace más necesaria, no sólo desde una retórica de la inter-sectorialidad sino desde nuestra práctica concreta caracterizada por un trabajo con diferentes organizaciones, las cuales, en algunos casos, presentan relaciones conflictivas. La articulación con estas organizaciones nos permite una presencia en diferentes micro-territorios, y por ende, en un lugar estratégico para propiciar lugares de encuentro a partir de problemáticas concretas. En tal sentido, un formato adecuado para comenzar un trabajo intersectorial son los proyectos financiados por la SEU. Sin perder de vis- ta que la “lógica de proyectos” puede tener un sesgo discontinuista para hacer frente a realidades que no cesan, creemos que pueden dar una institucionalidad a la articulación, permitiendo una terceridad que regule el trabajo entre las partes.
Breves consideraciones finales
Estas transformaciones territoriales que hemos identificado, no tienen por objeto un análisis sociológico sino que forman parte de un proceso de aproximación dialógica con las organizaciones del territorio. La tensión siempre presente entre la importancia del territorio como superficie de inscripción a partir de la cual se desarrolla la acción colectiva, y la problemática del encierro y la exclusión socio-urbana, no tiene una resolución de carácter teórico. Es en la práctica concreta donde se intentan resolver ésta y otras contradicciones. Desde nuestro trabajo extensionista consideramos que la integración con el territorio no se limita sólo con “estar ahí”. Comprometernos con los problemas que padecen los habitantes de los barrios populares, supone ante todo aportar desde nuestra especificidad a fortalecer el trabajo que desde hace tiempo realizan las organizaciones sociales que permanentemente recrean el lazo social en la intemperie.
Bibliografía
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Autores:
1 Juan Manuel Medina: Ingeniero Agrónomo (UNR, Argentina). Secretario de Extensión Universitaria de la UNR desde 2011. Coordinador de la Comisión Permanente de Extensión Universitaria de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo desde 2014. Especialista en Gobernabilidad, Derechos Humanos y Cultura de la Paz (UCLM, España).
2 Blas Aseguinolaza: Ingeniero Agrónomo (UNR, Argentina). Ex Sub-Secretario de Extensión Universitaria de la UNR desde 2011. Docente de la Cátedra de Extensión Rural en la Facultad de Ciencias Agrarias, UNR. Actual Coordinador de Espacio Territorial de la UNR.
3 Maximiliano Toni: Licenciado en Antropología (UNR, Argentina). Maestrando en Estudios Políticos (UNR). Antropólogo Social.
4 Pablo García Giménez: Ingeniero Agrónomo (UNR, Argentina). Ex Coordinador del Área de Proyectos Sociales de la SEU-UNR y actual Sub-Secretario de Extensión de la UNR.





22 Feb 2016
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