FORMACIÓN Y APUNTES EXTENSIONISTAS: El doctor Humberto Tommasino, ex Pro-Rector de Extensión de la Universidad de la República (Uruguay) y docente de la Facultad de Veterinarias de la UDELAR desarrolló la temática de la vinculación de la Universidad con el territorio en la segunda jornada del 3º encuentro del Ciclo de Formación en Extensión organizado por la Secretaría de Extensión Universitaria (SEU) de la Universidad Nacional de Rosario en la Sede de Gobierno.
“Los desafíos que acontecen ahí en el territorio son bien diferentes a los que pasan en el espacio áulico en donde hay un control de la relación docente – estudiante mucho más fuerte que está dado por la jerarquía del rol del docente, por los mecanismos de evaluación, por la condición áulica o espacial. En cambio todo esto en el territorio y junto a los actores sociales se desarma y en consecuencia aparece otro tipo de relación” comenzó el referente extensionista de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo (AUGM).
Para ejemplificar el modo en que la Universidad debe vincularse con el espacio en donde trabajará con organizaciones sociales y sus actores sociales, Tommasino se refirió a dos experiencias que desarrollaron junto a su equipo extensionista mientras duró la gestión de su Pro-Rectoría en la UDELAR. Mostró los casos de los Programas APEX (de salud) y el Programa Integral Metropolitano (PIM) en Montevideo.
En este sentido indicó como fundamental la “Construcción de demanda” en territorio; esto es “un equipo de la Universidad trabaja en seis espacios barriales diferenciados guiados por docentes y junto a equipos interdisciplinarios y un vecino o referente barrial , en esta labor van observando las necesidades del lugar, o partir de los pedidos de las organizaciones con la finalidad de trabajarlos para resolverlos de manera práctica y participativa”.
Estas propuestas según lo explia Tommasino aportan “la posibilidad de repensar la formación de los estudiantes así como la integralidad del conocimiento y la posibilidad de integrar su formación a lo que llamaríamos espacios de humanización; ya que en muchos casos los estudiantes no tienen relación directa con algunas de las problemáticas que se plantean en estos territorios y que gracias a este vínculo dialógico con esas realidades llegan a instancias de mayor conocimiento de eso que estudia y trata de transformar”.
Previo al desembarco en el territorio el referente de la Extensión Latinoamericana nos dice que “hay que generar condiciones para que el docente puede realizar sus propuestas y experiencias extensionistas. Una de esas estrategias son los Programas Integrales. Espacios universitarios permanentes que puedan promover y acompañar para que muchos docentes repiensen o rehagan sus prácticas de enseñanza y aprendizaje”.
LA PERMANENCIA EN EL TERRITORIO VISTO COMO UN ESPACIO DE CONFLICTO
“Es fundamental la permanencia en la interacción en el territorio, la construcción de confianza de la en los espacios territoriales en los cuales la universidad trabaja” apunta el docente uruguayo, uno de los impulsores del revolucionario PIM. La construcción de programas integrales es “imprescindible a los efectos de poder resolver esto de avanzar hacia la integralidad, es una de las estrategias más importantes que entre otras cosas resuelve el problema de la continuidad del trabajo en el barrio, acercando los tiempos de la universidad y los tiempos de la comunidad y así también el problema de que los docentes que deseen trabajar en sus cátedras desde la extensión no vayan solos a un territorio”.
Para Tommasino el territorio es un “espacio de conflictividad” más que de “afinidad” ya que los conflictos de poderes que existen dentro del territorio, sean estos económicos u otros aspectos como el simbólico ya sea de género o etnias que no necesariamente estriban en cuestiones materiales pero que también generan subalternidad muy potentes; son espacios muy fértiles para el trabajo extensionista.
Los conflictos pueden tratarse a través de herramientas como “técnica de mapeo de actores” en función de dos cuestiones claves como la “afinidad o adhesión al proyecto que se va a realizar” y el “poder que tiene el actor”.
“Volcar todos los actores que existen e identificarlos, ya sean institucionales, grupos, agentes, actores cooperativos, institucionalidad pública con un eje de poder que cada uno de ellos poseen y la capacidad del grupo o actores de imponer sus ideas y condicionar acciones, por un lado y por otra coordenada identificar quienes serían afines a un proyecto de contribución a la organización de los sujetos subalternos. En este paradigma de intervención, estas dos alternativas cruzadas, el poder y la afinidad, dan cuenta de que es lo que pasa en el territorio, como funciona ese espacio. Desde el punto de vista metodológico es fundamental, me da una aproximación de lo que puede pasar en ese lugar” analizó Tommasino.
NOTAS RELACIONADAS:
1-La investigación, la enseñanza, el aprendizaje y la extensión en la intimidad del acto educativo





13 Abr 2016
Posteo de prensa




